Historia del traje regional gallego
Historia del traje regional gallego
El traje regional gallego presenta, desde tiempos ancestrales, una mayor uniformidad que el de otras comunidades españolas. Tanto el de hombre como el de mujer, se componen siempre de las mismas prendas, aunque existen diferentes combinaciones y tonalidades. Pero, incluso en lo que respecta a estas últimas, también es común la austeridad y la escasa variedad cromática de todos ellos.
No se comenzó a estudiar esta indumentaria hasta mediados del siglo XIX, cuando el Romanticismo despertó el interés por las tradiciones autóctonas de los pueblos. Fruto de ello fue la Sociedad Folclórica Gallega, creada por intelectuales como Emilia Pardo Bazán o Manuel Murguía para revitalizar las tradiciones y la cultura gallega. Entre sus actividades estuvo la fundación de coros regionales a los que se quería vestir con la indumentaria típica. Fue entonces cuando se intentó recuperar el traje regional gallego. En aquel tiempo, ya había sido sustituido por ropas más modernas de diferentes tejidos creados con el impulso de la Revolución Industrial. Se hizo, por tanto, necesario investigar.
Se descubrió que el traje típico de Galicia se remontaba, al menos, al siglo XVII, según figuraba en distintos documentos. Entre estos, actas notariales donde figuraban dotes de boda y herencias. También se vio que, en aquellos tiempos, eran los petrucios o mayores del lugar quienes marcaban las modas e igualmente que, con la indumentaria, se indicaban circunstancias de los que la portaban. Por ejemplo, había pañuelos de petitorios, sayas de casadas o de solteras y dengues de ausencias.
Por otra parte, aquellos trajes regionales se elaboraban con tejidos de lana o lino que recibían distintos nombres según su fabricación o procedencia. Así, picote, estameña, candil, nazcote, sanel, estopa o baeta.
Todos estos tejidos se simplificaron a partir de la Revolución Industrial y también por esta época se introdujeron influencias de las ciudades en el traje. Igualmente, la elaboración artesanal fue dando paso a los talleres de costura y, con todo ello, se produjo una progresiva uniformización del traje regional gallego que ha llegado a nuestros días.

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